Moribundo

Camino sin rumbo algo fatigado,
sintiendo cómo me voy consumiendo,
a la vez que me van disminuyendo
las fuerzas a cada paso y abandonando.
Quien me conoció sabe que hube luchado
con mi espada siempre esgrimiendo
para irme de mis enemigos defendiendo
y acabar matando.
Más sigo caminando
sin darme todavía por vencido.
Atrás quedaron amores y guerras
y demás aventuras sin sentido,
y mal hambrientos y mal vestidos
conquistamos para Dios bastas tierras
arrancadas al vencido.
¿Y hoy? Ya solo nada
más que yo y mi espada.
Siempre por mi genio mal me he dejado
aconsejar y en defensa saliendo
de la razón para acabar diciendo
que mi fe, como el amor, me había abandonado
nada más al mundo fui llegado.
Y con esa idea he venido creciendo.
Cada vez más debilitado,
mi cuerpo se niega a seguir avanzando,
de modo que acabo tendido
en el suelo mugriento y molido.
Requiero por última vez mi espada
para enfrentarme con mi último duelo,
no contra el hombre sino con el cielo.
Si ha de ser ésta mi última afrenta
y mi espada es vencida,
tened bien esto en cuenta:
¡No fue Dios quien acabó con mi vida
sino el tiempo con su fúnebre y lenta
canción de despedida!

De: Carlos Medina Cebrián.

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