Mil años después

Aquello no eran ojos, eran estrellas.
Aquellos no eran labios, eran corolas de rosa.
Aquello no era piel, era aroma del campo.
Aquello no era cabello, eran hilos de oro.
Aquello que tuve, nunca existió.
Aquello que existió lo dejé ir, y no regresó.
Aquello se quedó en el olvido.
Y la taza de té, se terminó.
Se pagó la cuenta.
Y tarde volvió.
Solo para decir, lo mucho que extrañaba.
El zafiro en su rostro.
Y la risa de aquel.
El buscar es un arte.
Y la fotografía nos devuelve a la vida.
La vida que nos da y nos quita.
Que nos aprieta y nos suelta.
Que nos dibuja en papel, una sonrisa.
Y luego la quema y las cenizas tiran.
Vuelve a la tierra pisabas, y plántate.
Verás que no hace daño.
Sé árbol de ramas grandes y largas.
De muchas hojas y sombra fresca.
Sé lo que nunca pensabas ser.
Y vivirás mil años.
Y cuando caigan tus hojas en invierno.
Enmudece, pero sabes que sigue el verano.
Mira al oriente y a su destello, cierra tus ojos.
No fue tan malo después de todo.
Deja que la lluvia, moje tu humanidad.
Te sentirás viva y vulnerable.
No corras, cuando aún no caminas.
Reza y ten fe, pero de algo estarás segura.
No volarás jamás.
Y aquellas extraídas, siguen en lo alto del cielo.
Aquellas corolas, siguen muy lejos.
Aquel aroma, no se encuentra más en el campo.
Los hilos de oro, se platinan en blanco.
Y lo que existió, no fue suficiente.
Se fue.
Y no regresó.
Mil años después, volvió.

De: Mantis Religiosa.

One Response

  1. Bitacoras.com Says:

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