Desde un tiempo futuro

Hoy quisiera escribirte con lágrimas de sangre
desde un tiempo futuro que con miedo anticipo,
muy cerca de la muerte, desde la ruina muda
de piedras humeantes que fuera mi castillo.

Sabe la vida el arte de negarse a sí misma,
erige absurdos puentes para cruzar abismos,
instituye promesas, escritas en el aire,
y a golpes de esperanza improvisa caminos.

Y nuestros pies adquieren la impresión de un avance
hacia metas utópicas, o en sí mismo ficticio;
tal vez no nos movemos, o alcanzamos paisajes
de telón de teatro, parodias o espejismos.

Sin embargo hubo un día que entonces fue presente,
que juzgamos eterno, desnudos de cinismo,
por el que levantamos las copas de los sueños
en brindis de belleza, de cantos, de suspiros.

Un día todo nuestro, de amplitud luminosa,
al que no dimos sombras ni crepúsculo dimos;
de énfasis perdurable, de vigor e intenciones,
pero que prontamente se nos quedó dormido.

Y fuimos madurando, más bien envejeciendo,
y fue el cielo azul claro tornándose plomizo,
y los amores de oro volviéndose de estaño,
congelándose en sombras el fondo de uno mismo.

De: V.C.

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