A mi mujer

El corazón se me rompe
por lo que intento yo hacer:
nada más y nada menos,
que hoy hablar de mi mujer.

El castellano no tiene
palabras para ayudarme,
a contar lo que yo siento
y así tranquilo quedarme.

No hay escritor en el mundo,
ni la técnica que él aplique
a mí me puede ayudar,
para que yo bien lo explique.

Es el puntal que sostiene
en pie a toda la casa:
si el puntal un día falla,
no quedan ni las terrazas.

Lo que ella hace por mí
no se lo puedo pagar
ni aun viviendo diez vidas
como esclavo personal.

La gente no se imagina
lo que yo la necesito,
sin ella estoy más perdido
que cuando era jovencito.

Ya son treinta y ocho años
los que llevamos casados,
más siete que fuimos novios,
cuarenta y cinco sumados.

En estos años ha sido
una esclava de la casa,
siempre pendiente de todos
y sin disfrutar de nada.

De dos hijas ha cuidado
y hoy cuida de dos nietos,
de dos hijas y de un yerno
y de mí, que también cuento.

Todos tenemos que hacer
un esfuerzo, y ayudarle,
sería el mejor regalo
que juntos podamos darle.

No encuentro palabra alguna
para decir lo que siento,
por eso en este momento
mi mente es una laguna.

Si no consigo sacar
todo lo que llevo dentro,
me queda el remordimiento
de no poder desahogar.

Poniendo toda mi alma
y con un esfuerzo enorme,
perdón pediré en mi nombre,
con el corazón en calma.

Quiero pedirle perdón
por si algún mal le haya hecho,
mi corazón y mi pecho
palpitan por la emoción.

De rodillas, junto a ti
me pongo y pido perdón,
mi alma y mi corazón,
lo mismo quieren pedir.

Contento voy a la cama,
si el perdón es concedido,
dormiré, si estoy rendido,
mejor estaré mañana.

La paciencia no es virtud
que Dios a mí me haya dado,
por eso tengo cuidado
y siento gran inquietud.

De muchas cosas que he hecho
hoy estoy arrepentido,
que la pata yo he metido
me lo demuestran los hechos.

Y por eso, al despedirme,
prometo que cambiaré:
cuando tome decisiones,
antes contaré hasta diez.

A la hora de partir,
yo prefiero irme primero,
porque si me quedo aquí
sólo de tristeza muero.

Prometo hoy que mañana
voy a ser mejor que hoy
y si hoy bueno no soy,
que nunca llegue mañana.

De: Pepe Oramos.

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