feb 3
Porque todavía me observas.

Fuga repentina,
sin lugar a esperanzas,
con tu piel ya serpentina,
dejaste aguas mansas.

Arribo a un milenio
y ha caído el invierno,
estación que ambos odiamos,
aún conservo tu ingenio.

Ochenta años quisiera
y adueñarme de tu presencia,
más la sal de las olas se pierde
y en espuma contonea.

Y a pesar de tu predicción
y tétrico consejo,
hoy engendro un embrión
que desconozco su sexo.

De: Marta G. Santander Suástegui.

feb 2
¿Para qué sirves lecho de amor?
Si el silbido del reloj
Es fiel a la anfitriona costumbre.

Si la cama opalescente
Es más dura que la roca.
O más sola que la isla de la Venus.

¿Para qué besas al amante en la otoñada?
Si el color encendido
Llamado huérfano,
Derramará cosechas del engaño.

Ríos de cenizas
Un vago tibio fuego,
Con yagas hirvientes de perfume
En el oasis de la epilepsia.

¿Para qué sirves lecho de amor?

De: Enrique De La Rosa.

feb 1
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Autor: Luis Cernuda.

feb 1
Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos.

Autor: Jaime Sabines.

ene 31
No puedo evitar recordar tu cara,
Tu pelo corto que no se dejaba pellizcar,
Esa mañana soñé con los ángeles chillar y suspirar,
No sabía que ese sueño se volvería al fin realidad.

Te agotaste tan deprisa como un parpadeo de tus sentimientos,
Que no aguantaste… y el suspiro voló de tu boca a mis oídos,
Enfrentados en esa cama vacía de encuentros,
Perdí la cordura de lo hermoso que fue.

No era mi primera vez, sino mi primer comienzo,
En mí, en vos, algo cambio y lo sé,
No es un deseo innato es algo que solo me entregas tú mismo,
Es el silencio que me das para abrazarme tan fuerte y con amor.

Pronto te debes ir,
Aunque quieras quedarte y no poder más,
Ese calor intenso permaneció aunque te hayas ido,
No importa lo que pase afuera o me pierda en el olvido,
tu corazón se quedó conmigo.

De: Belén Varela.

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