Próximo al punto de desintegración

He llegado hasta el peligroso extremo del congelamiento corpóreo. Próximo al punto de desintegración. Estoy muriendo. Ésta agonía ya es vieja en mi, resultado de mi inactividad o más bien, de aceptar mi muerte social. Es verdad, sin amigos. Sistemáticamente me encargué de alejarlos, uno por uno, a todos ellos y ahora, La Desgracia se cierne sobre mi, como si estuviera próximo a celebrar la boda con la lúgubre Fatalidad. SOY HOMBRE MUERTO. “Bienvenido seas”, me dice la fulana de manto negro y yo, encantado respondo: “¡Reina de las tinieblas, dame un poco del negro brebaje de la muerte!”

Estoy envuelto, envuelto en las garras de la muerte. Ya no existe para mi ni tiempo ni espacio. Estoy totalmente aislado del mundo. Decir que he sido desprogramado, que mis recuerdos han sido sistemáticamente eliminados o procesados y re-elaborados para su manipulación fascista en los grandes bancos de datos norteamericanos, es ya decir poca cosa. Ya No puedo regresar a la vida social, si bien mi cuerpo se mueve en ése mundo. Pero después noto en mi cuerpo un proceso gradual de dispersión, una suerte de gasificación u osificación de las manifestaciones sonoras de mi envoltura material.

Pero esto –cada cual quema su leña, dice Atahualpa Yupanqui–, esto no tiene nada que ver con Ella, digamos que, para ser precisos, ella solo es un componente, quizá el último, pre-dispuesto por el estado totalitario para darme el tiro de gracia. Es mi turno el de sumarme a los millones de sujetos osificados o desprogramados de la vida social. Claro que aquí no es ya la aniquilación total del cuerpo como se hacía en los campos de concentración. Ahora ésta aniquilación se hace a un nivel psíquico y desde ahí, aunque los sujetos continúan moviendo sus cuerpos, tanto psique como cuerpo son absolutamente manipulados por el Estado fascista.

Es un poco gracioso ver cómo, a pesar de mi gasificación corpórea, puedo escuchar “la zambita perdida” de Atahualpa Yupanqui que comienza con una imagen de pastoril tristeza:

“Si encuentras por el camino una zambita perdida, brindále un poco de amor, quien sabe no vaya herida, brindále un poco de amor, quien sabe no vaya herida. Quien sabe no vaya herida/ por esos campos penando/ ofrécele el corazón, para que siga cantando/ ofrécele el corazón, para que siga cantando…”.

Digo que es gracioso pues yo estoy hundido en no se qué inhóspito infierno, he sido desprogramado y ahora no estoy aquí, aquí en lo que se llama mundo, vida social…. si estoy aquí, el lazo que me mantiene en él unido, es demasiado nebuloso. Mi corazón, mis sentimientos, cada vez tienen menor resonancia y relación con éste mundo de la vida social. A pesar de todo, sigo escuchando la voz de Yupanqui,cantando al unísono con él, aquél trágico pero a la vez, sabio final:

“Que si la vida te golpia la zamba y ser tu consuelo…”.

escrito por Egolatrovsky Street

Manda tu comentario!!!

Importante:El comentario estara en moderacion hasta que un administrador lo acepte. No te preocupes si tarda en salir.