El día que nos conocimos

El día en que nos conocimos, recuerdo bien, que vivía en un cuartico bien pequeño, donde me invadía la soledad y los nervios traicionaban todos mis sentidos y entristecía mi alma, que infeliz me sentía. Recuerdo que cuando nos presentaron, un amigo en común, no olvido que te miré a los ojos, y vi en ellos una ternura que por mucho tiempo pensé que ya no existía, te confieso que creí que eran sólo ideas mías, también recuerdo cuando me invitaste a salir por primera vez, nos fuimos a bailar, fue catastrófico, que ridícula me sentí esa noche, íbamos a bailar y al final, te convertiste en mi guardián toda la noche porque yo no estaba bien.

Aquello confirmó lo que mis ojos que ahora son ciegos, que sólo ven la claridad cuando descubren tu presencia, noto ese día que nos conocimos en los tuyos. Esa noche, se estremeció todo mi cuerpo, para mi pensar, ya no existían caballeros, y sin embargo había uno frente a mí, que equivocada estaba. Desde entonces, me visitabas más a menudo, en ocasiones con el pretexto de darle seguimiento a mi salud, hoy me río y me da mucha alegría recordar esos días, y me río porque fue algo fuera de lo normal.

¡Qué curioso! Todos los hombres enamoran diciendo todas las cosas que le gustan de una, sin embargo, tú fuiste todo lo contrario, y es lo que más gracia me da, empezaste a decirme todo lo que no te gustaba de mí, la manera tan sensual, a la que yo estaba acostumbrada a vestir, que yo usaba muy poca tela para tu gusto, y que cosas tiene la vida, lograste cambiar eso y muchas cosas más en mí.

Algo muy importante que tampoco olvido, el día que fui a tu casa, después de uno que otros chistes y risas, me sentaste frente a ti y con una seriedad tierna, me expresaste ya sin indirectas, las atracciones que sentías por mí, por segundos quedé como hipnotizada, no respondí nada, sólo recuerdo que lentamente te acercaste, me besaste y yo sólo me dejé llevar, que beso, beso que todavía siento el sabor en mis labios, y que hasta el día de hoy jamás deseo olvidar.

También recuerdo, los amaneceres, en que despierta a tu lado, cobijada con tus fuertes brazos, me percato en esos momentos, de que la felicidad, si existe, porque desde ese mismo instante, en que la claridad penetra por mis pupilas también recuerdo, lo feliz que soy a tu lado desde que Dios tomó la decisión de que te encontrara en mi camino y gracias a él le doy. Y te amo, por lo comprensivo que eres para conmigo, por el tierno amor que me brindas, y por lo dichosa que a tu lado me siento, y por esas y muchas otras cosas más, es que te amo.

De: Sandra.

One Response

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