Has pronunciado un irreverente adiós que deja mudo al más callado. Un adiós del que no entiendo su significado, motivado por angustia y sentimiento. No lo entiendo, no lo acepto, no lo acojo, no es posible, no lo comparto. ¿Acaso no has aprendido a amar y a descubrir el verdadero adiós?
No debemos decir adiós por tonterías, porque el amor se da sin pedir nada, porque el amor existe en nuestras vidas y sólo al final será sublime.
¡Estás allí!… sí, lo sé, te siento, puedo escuchar la vibración de tus latidos. ¿Me ves? Sí, con el alma y el pensamiento. Te veo… porque sé que estás allí.
Cuando el amor existe, un lazo invisible nos une y aunque no estemos… ¡estamos! Por eso no acepto un adiós improvisado, ni aún premeditado.
Ahora conocerás mi adiós.
Amada, ADIOS.
Sí, adiós, pero no tu adiós, sino el mío.
A Dios, agradezco haberte conocido.
A Dios, bendigo por que te puso en mi vida.
A Dios le digo gracias, por el milagro de conocerte.
A Dios le pido que nunca separe los vínculos que nos unen.
Amada… a Dios le cuento que te amo, y Dios me comprende, porque
el amor es así. Nunca es igual, ni como queremos que sea.
El amor es así, incomprensible para ti, difícil para mí, pero al
fin y al cabo… así.
Entonces, ofrezcamos este amor a Dios.
De: Yovanny Francisco.
Para: Gisella.
noviembre 7th, 2011 at 3:32 pm
[...] tierna que cautivaba Mirada de amor que tú dabas Besos dulces que a sus labios Endulzabas hasta fundirse… Como dulce y transformarlo [...]