A mi compañera de vuelo

En un día como hoy, decidí abrir mis alas y con tu ayuda aprendí a volar, fue por mucho tiempo, pero para mí nunca fue suficiente el tiempo que volé junto a ti. Y volamos, al principio a ras del suelo, algo más tarde volamos cada vez más alto, era inevitable, el amor que sentíamos podía con todo. Volamos sin mirar atrás, sabiendo que no lo teníamos fácil, pero siempre con el respeto a los demás.

Y volamos, volamos afianzando nuestras alas siempre unidas. Ya sabíamos que no era sencillo, a veces pequeños aires detenían nuestro vuelo, pero pronto pasaba y remontábamos nuestro volar. Pero los obstáculos no faltaban, ya no eran pequeños aires… ¡Cuanta tempestad en contra…! Tú, siempre parecías la más fuerte, tus alas apenas flaqueaban, las mías, más frágiles, a veces tocaban el suelo pero sacaba fuerza con una sola mirada o una palabra tuya, y por ti luché, luché con todas mis fuerzas dándote el lugar que merecías, en contra de lo que los demás pudieran pensar.

Y seguimos adelante, a pesar de malos vientos y tempestades… Seguimos volando. Soñábamos entre nubes poder un día levantar un hermoso nido donde reposar nuestras alas. ¡Cuántos sueños, ilusiones, esperanzas…! ¡Y cuantos altibajos tuvimos en nuestro volar! También tú, tan fuerte que parecías a veces tus alas flaqueaban y ahí estaba yo, alentándote con todo el amor que mi pequeño corazón guardaba para ti, y te apoyabas en mí y de nuevo tus alas remontaban el vuelo y volvíamos a volar con más fuerza cada vez.

Creíamos que ninguna tempestad nos haría flaquear para interrumpir nuestro vuelo… Y volamos, volamos… Pero… ¿Qué te pasó mi compañera de vuelo? ¿Por qué ese nefasto día de un mazazo me cortaste las alas?, ya no querías que contigo volara ¿Por qué compañera de vuelo? No sólo me cortaste mis alas de la forma más cruel, me partiste el alma, llenándola de una gran desolación y de un gran vacío. ¿A dónde fue tu gran amor y tus promesas no cumplidas?

¿Quién te acompaña ahora en tu volar? ¿Qué alas son las que entrelazan las tuyas que las mías no son? ¿A dónde te llevan sus alas que las mías no supo llevarte? Tal vez con ellas conoces una libertad que yo no pude darte. Pero dime, ¿Dónde empieza tu libertad y termina la mía?

Quizá son alas jóvenes, las mías ya son alas de otoño, pero todavía tenían la suficiente fuerza para contigo seguir volando. ¡Qué pena, ya no necesitas para volar a la que fue tu siempre tu compañera de vuelo!
¡Cuántas preguntas llenas de llanto y quizá no tengas respuestas para ellas!

A mí sólo me queda el pesar de que me cambiaste por otras alas, tal vez de altos vuelos y que ya nada me queda que esperar nada de ti. Sólo me queda soledad. A través de la ventana de mi palomar sólo me queda mirar el horizonte y puede que algún día, allá en la lejanía divise la estela que deja unas alas grises al surcar el cielo, las alas de la que ya no quiso que yo fuera más su compañera de vuelo.

(Dentro de ti, a pesar tuyo, siempre quedará la magia de tantos momentos intensos que vivimos juntas y que nos acompañaron en nuestro volar y volar…)

Anónimo.

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