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Despedida desde alla a lo lejo
Cartas de Amor - Enviada el 22/05/2008

Deja que hablen mis sueños, que son mi sombra y mi estrella. Me estremece el vino de la noche, la somnolencia de tu carne, el pezón erecto y tú pubis tibio y con aroma a café. Eres un quasar de estrellitas y de nardos. Cuando floreces como una cayena, me inspiras besos sedientos y demenciales silencios; como la hojarasca del río y las llamas de las cenizas, que se apagan como el semen oreado al viento. En realidad no soy yo, cuando te amo; desconozco a la bestia y al ángel que te empala, como el grito libertario de una bandera. Estoy cansado de vivir historias a escondidas y sin memoria; no conservo ni una fotografía de tus huellas. Seré un as de luz o un amanecer con esperanza, como cuando me erecto pensándote entre mis brazos. Tu corazón tiene pies de gitana y el rastro de tus pisadas se desboca en el viento, como tus apasionados deseos. Vives húmeda como tu boca fresca; te bebes mi vino como si fuese un caldo de flores, un elixir de versos eróticos. Tu copa blanca la imagino seca por el verano. Te llamaré Rosa por la belleza de tú cáliz, pero es mejor evitar malos entendidos y dejar en manos de la imaginación del silencio, tu nombre. Seré la yerbamala de tu eterno insomnio cósmico. Eres la canción amarga que sodomiza mis sentimientos. Transformaste en maravillas telúricas mis amaneceres y le regalaste sensaciones libertarias a mi carne. Aún recuerdo tu boca llena de estrellas con signos fatales y destinos de suerte; con pétalos que se derramaban como una fuente sobre tu rostro; hasta que la madrugada fatigada, una vez más, fundió en la somnolencia nuestros cuerpos. Me encanta desnudarme para recitarle al espejo; me fugo en los poemas, recordando tu cuerpo de fiesta. Sin tu amor se desbaratan mis sueños y ensueño a tu ávido cuerpo, como un cadáver sinarca iris ni sexo. Tu intimidad será siempre un pozo de canciones Tus suspiros tiemblan, como el miedo de tu luna de niña. Esta noche ¡Ay esta noche sin luna y fría como una paleta! Sin ti, es un infierno. Soy el yunque impío, donde mis manos pecadoras, esculpirán una vez más a tu corazón. Condenaré al lirio a la amargura, cuando se desflore la última ilusión al amanecer. El enamoramiento es un ciclón de absurdas lluvias, que terminan por ahogarnos. Cuando se despejen las nubes, el cielo se convertirá en la alacena de las estrellas o en una eterna noche, larga como el sollozo del suspiro de una sombra. He intentado romper los eslabones para liberarme de las cadenas, que me aferran a la razón de mi tormento; a esa amargura que sueltan las hojas en el otoño, cuando se hierven los recuerdos y bebemos al zumo con regusto. Siento una espina clavada en el pecho y no encuentro al oasis en el culo de la botella. Sueño muertes en la agonía que respiro, cuando no amaneces a mi lado. El frío despobló como un ciclón a los colores de la campiña, que fue la razón más profunda en nuestro existir. No sé si pueda respirar otro aire o si desfallecerán los latidos de mi corazón, si tu desamor me condena a muerte, sin derecho a apelar. Sería una imbecilidad el declararme en huelga de hambre, porque más que una mujer de carácter fuerte, eres una merde, un cardo, un erizo o una daga envenenada con rabia. Estoy cansado de escuchar a los vientos de la muerte y a sentir a esa guerra que se resiste a morir. El odio ha desvastado lo mejor de nuestras tierras; hacer la paz resulta más difícil o casi como una imposible amnistía, porque nos acostumbramos a convivir con el miedo. El odio ahogó las mejores semillas en charcos de sangre. Irónicamente los murtes se pasean impunemente, porque aquí no existe la silla eléctrica y casos como el Mugurusa o el Abadi, ya no son noticia. Me siento herido de muerte por el ángel del amor; deliro como los meteorólogos que no aciertan nunca con los pronósticos del tiempo. Los enamorados seremos los absurdos insepultos de las tormentas eléctricas que engendran las pasiones. La belleza de la luna me encandila como el silencio en el espacio y hasta ignoro o me olvido de la fetidez de los excrementos que me rodean. No quiero que vuelvas a gritar la palabra ¡Guerra! Con la mirada; mentiría si te digo que mi corazón esta convertido en un mar de sangre por culpa de tus heridas. Simplemente te diré, que no creí en la resurrección de los pecados, ni en el perdón de tú carne. Inventé aventuras con flores y fantasmas para fastidiarte, pero el amor hace milagros al levantar sueños difuntos de sus fosas; quizás por eso, el mito dice que hay algo divino en el amor. Sin ti, me siento olvidado en una isla perdida. Añoro las olas de tu amado y odiado anito, que solo me permitió contemplarlo, sin poder liberarlo mis fantasías de su armadura. Imagino a Anita viajando en globo o burlándose como las palomas que sobreviven de un tiro al pichón, de sus tiradores. El tirar por tirar para unos es un deporte, para mí fue y será una pesadilla. Hoy viví una tarde inolvidable saltando charcos contigo. Los recuerdos de amor giran en confusas orbitas y por eso para muchos es fácil abandonar al dolor, cuando un amor se va, así de simple, como un chasquido de dedos. No es fácil volver a arrullarse a sí mismo, cuando se han compartido los sueños y la piel, durante una buena tajada de tiempo. Los astros me preconizan que regresaras, si persisto en recoger tus huellas, antes que las borre el reflujo del mar o las borrascas del tiempo. Te imagino bronceada y desnuda sobre las arenas y a la espuma acariciándote con sutileza la entrepierna como una pluma lésbica. Se que no me equivoque contigo, ni contigo, ni contigo. Cuando corto una flor, diseco los recuerdos y armo un sachet con las imágenes, para no olvidar ningún nombre. Se que contigo me equivoqué de ruta, o tal vez, confundí las cartas de navegación; no es lo mismo embestir nubes, que hacerlo con las olas en mar abierto. Siento al viento como un laúd, cuando la soledad me coagula la sangre. He inventado canciones, para que otros trovadores consigan el perdón o conquisten los favores de otros corazones. Las corrientes de la vida, me arrastran mar adentro; cuando regrese después de vagabundear por los puertos, me justificaré narrando combates con dragones y monstruos marinos; mejor dicho, Simbad se verá como un aterrorizado grumete o como un atemorizado Popeye, buscando bajo las literas un tarro de espinacas. Quiero que cuando este allá, me recuerden mis hijos, cuando paseábamos por los bulevares del éxito. El éxito no es un almacén por departamentos, sino una opción de salvación para los condenados a muerte por el destino. El desamor nos lleva a descender a las mazmorras de la desgracia. Sé que tengo que disculparme con todas las personas que me amaron, que me apreciaron o me ofrecieron una opción de salida, como una puerta de emergencia para escapar del infierno. Aprender a vivir, es aprender a sobrevivir, después de viajar a ciegas hacia el absurdo; allá abajo todo lo que se vislumbra es una tristeza que nos magnetiza o nos esposa a un montón de algas muertas, putrefactas. Siento a la lluvia como luz, cuando despierto de las pesadillas. Sé que he sido incomprensible para muchos y otras gargantas prefieren permanecer secas. Sé que tengo que regresar a despedirme de mis adoradas mariamulatas, en mi amada Cartagena. Todas mis historias de amor han sido así: Absurdas y tristes. A veces cuando estoy sobrio, pienso que el Paraíso esta en el corazón del infierno; sé que no encontraré a ninguna ninfa en las aguas que se contaminaron y que las barreras de coral, pronto no serán más que colmillos afilados o de cuchillos disfrazados, para emboscar las mangueras para el oxigeno de los buzos. Es injusto lo que la vida me ha reservado y por más desesperado que estoy, no le exijo que se disculpe, porque no siempre se gana en el juego; tampoco me interesa averiguar si ella juega con las cartas marcadas o rezadas por Busiraco, Balsebú o cualquier otro demonio. La vida es romántica como un vitral, un buen coñac o una piel con vértigo. No solo en agua nos ahogamos los hombres, y por eso, he aceptado el color de mi destino. ¡La vida es así! Exclamo cuando me desespera el aguardar. Imagino con envidia a tus dedos entre tus piernas, buscando nada, porque nada se te ha perdido, pero al final: siempre se encuentra lo que se busca. Dicen que si nos cae excremento de paloma, es augurio de buena suerte; a mi me llueve mierda del cielo y sigo enredado en sueños oscuros. Me siento como una basura, por culpa de mis equivocaciones. Nunca escuché los gritos del corazón, cuando me recorrían las venas las sirenas de los trenes y me ordenaban que respirara hondo y profundamente, para que entrara en razón o regresara a la realidad que debía vivir. Aún me recuerdo gritando: ¡Soy un bipolar! Y forcejeando para tratar de liberarme de una absurda camisa de fuerza. La vida es un universo de absurdos irracionales y desatinados como los códigos del éxito y de la felicidad. Todos no somos más que insignificantes chispitas de luz en el universo, pero cambiando unos, podemos cambiar a otros, hasta cambiar al universo. Te amo. Solo me resta decirle adiós a tu cuerpo. Allá, a lo lejos, te espero.

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
hcediel@yahoo.com

2007-11-07

 



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