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A mi amada tortuga
Cartas de Amor - Enviada el 22/05/2008

Voy a cerrar los ojos, para abrazarme a la memoria de tú cuerpo, mientras mis pestañas copulan a la sombra de tus besos, dejando que se deslicen mis caricias y la mirada como una lágrima, hasta lo más profundo del cáliz de tus labios. Quiero ser el día y la noche que siempre recuerdes. El Sol de tú último verano y la manta que te abrigue en el invierno. Soy el frío que se derrite con tus caricias y el color de la primavera que te despierta con un beso sensual y atrevido. Sé que has borrado toda la tristeza de las sombras que me perseguían; haciendo de los crepúsculos de los recuerdos de ayer, una hermosa luna para inspirar estos versos. Quiero ser el fuego que llene, todos los vacíos inútiles de esos días sin sentido, de ese tiempo que pasa arrastrando los pasos; ese que ni se inmuta cuando nos envilecemos en pervertidas y depravadas sombras, regalándole al vino y al placer lo mejor de nuestros sentimientos. Me embriaga el sabor el aroma de tu piel; no he podido privarme del sensual deleite de las rosas ígneas, en los insólitos instantes absurdos que compartimos en los rincones oscuros de la clandestinidad, pero extraordinariamente bellos por su demencial locura. Locos instantes que tejieron,  destinos paradójicos por culpa e errores que creíamos aciertos, por entregarnos como carne en canal, al festival de los amores absurdos, al akelarre de los sentimientos prohibidos. Ya no somos jóvenes para arrepentirnos de los amores inhibidos para evitar situaciones embarazosas; y que absurdamente se tildaron de errores en su momento por culpa del celo del egoísmo y la miopía de otros corazones. Ahora la edad, nos pasa absurdas cuentas de cobro; aún no me siento viejo, como para sentarme a mirar con nostalgia hacia el pasado; aunque a veces pienso, que ya confundo tus imágenes con otros recuerdos; ni siquiera estoy seguro, si es a la inversa…aunque a la inversa, éramos más salvajes e irreverentes, por culpa de la sed de ese instinto demoníaco, que se apodera de las bestias, cuando olfatean los vapores de los deseos del sexo. Sé que ahora intentamos robarle, con más pasión momentos al destino. No sé porqué insistes, en revivir las sombras de las fantasmas, que con prudencia mantenía adormiladas, en un laberinto secreto en mi corazón. Me hechiza el aire que se respira, en los amores prohibidos; esos que se esconden tras bambalinas, o como lo hace la fealdad, tras las máscaras artificiales; me entristece cuando nos separan fosas insalvables, cuando no nos atrevemos a romper, los absurdos códigos que nos castran o suicidan con sus propias manos, a los sueños que pudieron ser, los más hermosos en nuestras vidas; cuando el adiós llega atropellándonos como una tormenta, es mejor aceptarlo sin explicaciones. El amor prohibido, posee un encanto propio y demasiado hechizador; es como revivir un cariño, con el fuego de una tierna pasión casi olvidada, bebiendo brandy o coñac, para justificar la desmemoria o explicar el no arrepentimiento. Hay cuerpos como los nuestros, que parece que hubieran nacido con las medidas exactas de todos los lechos;  se ajustan a todas las camas, a todas las bocas, a todas las pieles, a todos los sexos. Cuerpos que se absorben y se permiten, todo lo que censura una doble moral; códigos que solo se preocupan, por perturbar las sensuales intenciones, que pregonan las miradas y los gustos sensoriales de los besos olfativos. Nos hemos embriagado de placer en todas las estaciones del amor, con la sed de los náufragos, con la hambruna de los resucitados. He guardado los mejores recuerdos de tú cuerpo, dentro de un libro secreto en mi memoria; en ese disco duro, en el que solo la soledad conoce su código de acceso. A veces siento, que nuestro amor es imperfecto; pero la vida me enseñó, que hasta lo impuro es hermoso. No pienses como las necias, que el tiempo esta borrando las líneas de expresión de tú belleza, con sus manos sucias y poco piadosas. Ya hemos recorrido, la gran parte de nuestros caminos. Sé que tenemos nuestras almas, casi llenas con todos los paisajes que se pudieron imaginar,  recuerdos dorados y oscuros, con placeres de todos los sabores, alegrías con todo tipo de sentimientos y desencantos de todos los tamaños. Todo lo que la voluptuosidad podría enseñarnos, lo aprendimos y gozamos. No quiero atracar como un barco fantasma, en una olvidada isla sin placeres nocturnos, sin una piel para contemplar; para evitar que la rutina nos enloquezca, como las relaciones absurdas en las que se apaga la magia y la relación cae en el oscurantismo, dejo que el tiempo se pase a vasados como se disfruta el buen vino; viviendo siempre con pasión cada instante del presente, sin tener tiempo para ver hacia el futuro, ni hacia el pasado. Solo los estrellados nacen sin estrella. No quiero andar como un miserable añoso, doblegado por el peso del tiempo perdido. Necesito de tú cuerpo, para encender un fuego voluptuoso que me permita gozarme tú belleza; hasta sentir las sensaciones que inspira, el concebir tu carne en la sangre que bulle, en los versos de mis poemas.

Mi cuerpo te recordará, como el lucero corazón de mi rosa de los vientos. No recordemos los obstáculos que empañaron el brillo de esas imágenes, que pintamos cientos de veces sobre el espejo voyerista y las paredes pobres, de un lugar que intentábamos ver, menos vulgar de lo que en realidad era o que es en circunstancias normales y sin los espejismos el corazón. ¡Jamás imaginé encontrar y vivir tanta belleza, en un lugar tan sórdido! ¿Olvidarás aquella noche orgiástica, cuando la lujuria embriagada, nos azotó con placer y sin piedad?. Esa noche ascendimos a la cima del paraíso y descendimos, hasta el culo del infierno. El amor y el placer, siempre serán  así, mientras se confundan en un abrazo amoroso rosa o rojo. Podremos separarnos, si el amor se extingue; pero ¡jamás moriremos, el uno para el otro!. El amor es y será hasta siempre, la música de nuestras vidas. Tú nombre, siempre será el eco que me despertará con un beso; como cuando me enseñaste a tocar a las estrellas, con la punta de mis dedos. Cerremos los ojos por un instante y escuchemos, a las voces de nuestras amadas sombras. Se han extinguido muchas imágenes, pero sobrevive el eco y las voces de nuestros sueños.

Héctor”El Perro Vagabundo” Cediel
hcediel@yahoo.com      2007-10-04

 



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