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| Navegando la tarde |
| Cartas de Amor
- Enviada el 06/03/2008 |
Eres el fantasma de mis canciones, ¡la luz que engendra estos versos!. No me embarco para vencer las tempestades del mar de las pesadillas que nos separa.
Me embriago libando sueños en tu sexo, e ignoro el consejo sabio de la demencia Nada como recorrer desnudo las estrellas y gozar la primavera como si fuese vino.
A veces la pregunto al sol y a las nubes: ¿Hasta cuando me van a acompañar? la demencia calla... y tu piel, calla ni siquiera hay imágenes sobre el espejo.
Moro en la ausencia y solo me acompaña: ¡Tu aroma y un poco de locura!. Me purifiqué contra tu cuerpo como las aguas contra las piedras o el viento contra árboles, nubes o sueños.
Añoro todo lo que he perdido vago descalzo con las manos y el corazón vacío Me atropellan las sombras de los invisibles de los que viven con la cabeza baja, humillada ¿Por qué no se atreven a descubrir una estrella?
La vida insiste en embriagarme de mujer para ahuyentar los consejos de la parca He escuchado al viento, a la montaña, al mar regreso a la soledad y al frío como siempre.
De mi vida, solo sobreviven ruinas y silencios Ni siquiera tuve tiempo para despedirme Mi añoranza no es un ancla, es una copa vacía.
La melancolía de los enamorados: son las lágrimas de la soledad o la rememoración en silencio de un amorío Las estaciones, siempre fueron una: ¡invierno!
Los claros de la luna, son soles de primavera en otoño nos asustan: nuestros propios pasos Añorando inventamos esperanzas rojas y azules ¿Volverá el calor de la pasión a mis manos?
Soplan vientos de amor. Regresas destrozada. ¿Podré sanar con caricias y besos tus heridas? Aveces pesan demasiado las hojas y el viento.
Cuando te recuerdo, despierto en el infierno: Paraíso de la muerte, primavera de los incurables Deseo que las nubes no se esfumen hasta que cese la absurda danza del tiempo.
He aprendido a cabalgar desnudo al viento dejo por rastro: hojas secas y labios muertos Las que me han seguido, jamás regresan El sol madura o asesina. El sol es verano.
Por incertidumbre evado senderos y suelo tomar como todos: los caminos difíciles Algún día navegaré el océano hasta adivinar la razón que te hizo navegante.
Pudimos convivir cual peces con el agua hojas con el viento o las aves con los sueños ¿Por qué tienen que ser melancólicas las añoranzas? ¿Por qué son imposibles los caminos hacia el amor?
Nos buscamos, navegando de espaldas Mis días y noches, se convierten en tempestades Escribo versos que pongo a navegar en el viento conservo la esperanza que la rosa regrese.
Añoro tu fragancia, bordada a bellos recuerdos Siento gélido tu vacío e inmenso el mar que nos separa Maldigo la nostalgia que destroza exhorto la ebriedad del humo que libera.
Llevo años intentando disipar con versos mi tristeza No me interesa la inmortalidad, sino el fuego del ahora Me fascina la seducción de los silencios y las pieles Soy un ermitaño urbano enamorado del verde.
No esperes que regrese porque soy pájaro y fuego El jinete guerrero, que le canta al amor el que se embarca embriagado con versos y habita un mundo, que solo el corazón puede ver.
Abandonado, como los hombres desechados busco la caricia joven de la rosa púrpura Intentaría alcanzar con los labios tus pétalos y me cobijaría con la belleza de tus cabellos.
Es alucinante despertar embriagados de vida Una existencia puede ser el milenio más largo o el más corto y fugitivo sueño ebrio El olvido barre los mendrugos de los sueños.
Nunca quise sembrar rencor en tú melancolía. El otoño es inmisericorde en el desolado nido. Es demencial el inmortal amor-fuego. Mañana lo bello lucirá grotesco y añoso.
Cuando mi corazón levantó la mano para el adiós demasiado de mi murió atragantado por piedras Te alejabas hacia el sol de la primavera… ¡yo partí para morir en las profundidades!.
La añoranza nunca muere cuando un amor se ausenta Muchos no regresan de la vida o de la guerra. Hay miradas que lo dicen todo, pero prefieren ser discretas se amontonan cual hojas los días que pasan...
¿Dónde estas? Ni siquiera el eco contesta Muy pocos se atreven a interpretar las nubes oscuras El amor solo añora una belleza que no se marchite que aprender a aguardar el paso de las estaciones.
Me enseñaste a levantar la mano y palpar las puntas de las estrellas como si fueran tus senos erguidos ¡En ese íntimo coloquio te siento!
No ha cantado en vano la llorona tarde me he alimentado con semillas de esperanzas Añoro que se vista con colores la trinitaria aurora Mi canto son cientos de hojas embriagadas y un río.
¿Por qué aprendemos tan tarde, a contemplar las flores? ¿Por qué mi lecho, ahora es el lugar más triste? ¡Calla! aguardaré hasta siempre una esquela con tus suspiros marineros en poéticos versos.
Si la muerte viene, que no tenga la canción tus ojos La poesía siempre se burla del invierno y de los huesos He cantado un réquiem profano para embriagar el alma Le he rogado a la primavera: ¡horas para el amor!.
Hoy preferiría pensar horizontalmente como el mar, el cielo, los sueños o los amantes Los poemas de amor, deben ser puros: como la copula de los animales o el alma de las flores.
Estos versos brotaron navegando una fría tarde y añorando el fuego de tus besos.
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