oct 25
No recuerdo la primera vez que pensé en besarte, fue sólo una idea fugaz que cruzó mi mente, pero sólo fue eso, la primera.
Una vez tras otra la idea aparecía en mi cabeza, y a veces no sólo como una idea, sino como un fuerte deseo. Quería abrazarte contra mí y fundirme contigo, pero jamás lo creí posible. Era como ese sueño inaccesible que debes contentarte sólo con soñar, como ese amor imposible que nunca podrás tener, pero, bien sueño, bien amor, me valía con que existiese, pues me hacía sentirme bien, divertida, en ocasiones llegaba a avergonzarme de mis pensamientos tanto que los colores poblaban mi rostro.
Pero el otro día, un rayo de esperanza iluminó mi deseo, descubrir lo que habías escondido en tu corazón y tu mente tanto tiempo, me hacía temblar de emoción, me hacía estremecerme, y casi no podía escribirte en mi ordenador. Si te hubiese tenido allí, no habría podido resistir el no pegarme a ti hasta quedarme sin aliento. Lo que había deseado y temido a la vez, ¡se estaba haciendo realidad! También habías pensado besarme, también querías hacerlo, y no podía creerlo. Dejé que hablaras, dejé que te confesaras conmigo, que sacases todo aquello que te agobiaba, y luego, fue mi turno. El corazón quería salírseme del pecho, apenas atinaba a escribir, y las lágrimas empañaban tanto mis ojos que casi no podía ver la pantalla. Sólo el ordenador me unía a ti, y, precisamente, era lo que me separaba de tu lado.
Ese día, viví en una nube, sólo pensaba en ti, en cómo sería besarte. Recordaba momentos a tu lado, tus ojos, tus sonrisas, tus bromas… sólo quería verte, pero tú no estabas.
La noche siguiente acortó un poco el hilo que unía mi nube a la tierra. Existía un fantasma en tu vida que se interponía ante mí. Tus continuas comparaciones con ella, tus recuerdos, tu idolatría por aquel momento, ponían una barrera entre tú y yo.
Pero no importa, creo que podría romperla y acercarme del todo a ti, tocarte sin que me rechaces por miedo a lo que sientes, mirarte sin que te dé vergüenza que sepa lo que esconde tu corazón, hablarte en susurros al alma compartiendo los sueños, besarte sin tener que preguntar primero. Eso es lo que deseo ahora, lo que he deseado sin saberlo más tiempo del que creí. Sé que tienes miedo, y mentiría si dijese que yo no. No sé qué puede ocurrirme mañana y, ante todo, sé que no quiero herirte, pero no puedo evitar desear besarte pese a todo. Lo que siento por ti me empuja sin control hacia delante, a tratar de vencer el miedo, a olvidar el mundo que nos rodea, a crear un instante en el que sólo existamos tú y yo y alargar ese instante eternamente.
Quizá son castillos en el aire, pero hace tres días que nos confesamos y sólo puedo pensar en ti, en cómo será la primera vez que pruebe tus labios, en dónde sentiré tu calor mientras nos abrazamos, en cuál será la excusa que haga posible este sueño.
No puedo evitarlo, en cada clase te tengo en mi cabeza, cuando voy en metro o en bus no puedo leer porque no me dejas, estoy hablando con alguien y, de repente, esa sonrisa de “estúpida feliz” aparece en mi cara. Sólo han pasado tres días y toda mi cabeza gira en torno a ti, no puedo evitar nombrarte a la menor ocasión, releer nuestras conversaciones una y otra vez, el cuento que me mandaste, cuyo final desearía que fuese el nuestro.
Sé que no sería fácil, pero eso no me importa; sé que en unos meses te marcharás y un año se interpondrá entre tú y yo, pero no me importa; sé que tienes miedo, pero no me importa; sé que sigue existiendo un fantasma, pero no me importa… No sé si lo entiendes, pero no me importa nada que no sea lo que siento por ti y lo que puedas sentir tú por mí. ¿Qué es? No me atrevo si quiera a imaginarlo, sólo sé que me está haciendo extrañarte como a nadie, que sé que estás a dos horas, pero me parecen dos años; que me hace latir el corazón tan acelerado cuando pienso en ti que sólo puedo oírlo a él; que me hace temblar como un flan aunque aparente serenidad al mundo; que me hace temer besarte una vez porque no sé si sabré parar después.
No entiendo qué ocurre, ni porqué, sólo sé que te has metido en mi vida y no quiero que salgas porque te quiero.

Por: Fanshy.

oct 22
Hoy me puse a pensar cuando el amor era amor,
cuando bastaba una mirada para entregar el alma,
sin importar cuánto era o que era,
sin importar si tenía una carrera o buen empleo.

Hoy me puse a pensar cuando el amor era amor,
y me puse a recordar al primer amor,
que no teníamos idea de cuánto tendríamos de grandes,
alocado, hasta cierto grado enfermizo, pero sincero.

Hoy me puse a pensar cuando el amor era amor,
cuando era necesidad de estar juntos no comodidad o seguridad económica,
y me pregunté ¿volverá a pasar el amor cuando era amor?
libre, inocente, ingenuo, incondicional, apasionado pero limpio.

Ese amor que nadie entiende porque son tan diferentes,
pero que sólo ellos en su corazón sienten,
sin nombre, ni rostro, ni posición económica,
yo busco el amor cuando es amor.

Por: Clarisa

oct 18
Mirándote a los ojos juraría, que no hay poder en el mundo que pueda separarnos.

Pero luego también se empaña mi seguridad, con ese miedo que me invade por doquier y que hace que toda nuestra casa entre en depresión, una depresión profunda.

Difícil de disolver nuestras mentes y sentimientos, se ponen a la defensiva como listos o preparados para la batalla y atacándonos uno al otro, vamos lentamente destruyendo lo poco que nos queda, y al final de todo terminamos dándonos cuenta, que a pesar de que nacen en nuestros corazones esos sentimientos de desconfianza y desamor, cuando la euforia pasa y estamos tranquilos, todo parece tan diferente.

Nos damos cuenta que en realidad nos amamos y que estamos pasando por una etapa muy difícil, en una batalla contra nuestros propios sentimientos y dudas, de la cual si queremos seguir juntos tenemos que salir vencedores y apoyarnos uno al otro para poder ser felices.

Esta puede ser la prueba mas difícil de nuestras vidas, y de ella depende el destino de nuestros hijos y de nosotros, porque si la perdemos, probablemente nos estemos dirigiendo a un destino con una vida vacía y sin amor, con remordimientos de conciencia de no saber como hubiese sido, si hubiéramos luchado un poquito mas.

Yo por mi parte, estoy segura de que te amo y que quiero seguir adelante, pero se que necesito muchísimo apoyo de tu parte, tal vez mucho mas que tú de mí.

También se que el final de esta historia de amor no se ha escrito aun y que todavía tenemos la oportunidad de vencer, que todo está en nuestras manos y que los lazos que nos unen son tan hermosos, que no los quisiera romper…

Para: Gustavo Daniel García López.
Por: la mujer que te ama, Kasdin.