ene 30
¡Amor!… ¡Siéntate en mi mano!
Déjame enrocar la rosa roja en tu cabeza de corona
mientras mis ávidos ojos recorren el marfil de tus dientes
y me pierdo en tu gruta añil de garganta.
Antes de festejar mí fenecer deja filtrar mi verso,
mujer de tierra acuarela, nacida del tapiz de vientre expandido
con la crianza del añil relámpago.

En tu ombligo de centro marco un polo de brújula.
Al norte, pechos de rosa tibia y tus ojos de exacto marrón.
Al sur, tu universo no del todo explorable.

Al este y oeste, racimos de brazos que ignoran la soledad del frío.
De tus yacentes pies a tus caderas de nalgas turgentes
me llevaría un evo interminable de redondas formas,
y a las mustias flores oscuras y apagadas
clavaré mi arca de besos y farolas.
Por tu vientre arrasaría el continente evaporando los gemidos
y tu clamor de himno seria patria en mi bandera de corazón.

Si retornas a mí con los labios apagados
te donaré la alegre potestad de mis leños de lares,
quedarán tus cornisas de pulpa anegadas de agua y fértiles manantiales
de savia natural rodando mi boca de balcón y melaza.
Danzando tus muslos su mínima altura
tus pies rebotarán tu inmensa estatura de resorte.

Entre las abras de tus cerros estivales
trazaré un surco con mi nombre de tatuaje.
Para ti no habrá más nombres que el bis repetido de mi apodo.
De tus racimos como brazos tengo la acuarela de las uvas y
tu ternura de mano apaga épocas de antaño
que me invadieron como un infecto.

Ante ti, soy sólo un insecto caminando tu horizonte de palmo a palmo.
Me llevará días, años o décadas descubrir cada pliego de tu piel errante y encontrar un epónimo que ensamble su cándida belleza.
En el istmo de los planetas en conjuro haremos una isla propia de corales, quejumbre y relámpago brillante de estrella,
navegando como el cisne azul volante, con las unidas manos, y el cuello plegado de los amantes.

De: Ricardo Álvarez.

ene 30
Tras un inevitable encuentro se confundieron mis pensares,
sin dejarme comprender el por qué de su existencia,
jamás había experimentado tal asombro,
ni saboreado ese encanto que por sus labios vagaba.

Tras un inesperado beso me hice adicta a su ser
afirmando mis pensares sin poder decir más,
callando dudas que revelaban mis ideas,
perfeccionando un decir sin palabras.

Tras un inconfundible sentir hallé su mirar
la vanidad regresó a mi espejo tras mi sed de soñar,
de nuevo mis labios pintados y mis mejillas rojizas,
seré amante del sabor de su piel.

Al pasar del camino sé tornearán nuevas dudas
aniquilando quizá cualquier rastro de mi piel,
despojando mi sed de reír y quizás de sentir
miradas deslumbradas comprimiendo la belleza.

La piel sedosa reencarnará en nuevo ser
delirio de ojos obscuros,
frialdad que agobiará el final de esta historia.

De: Sarahy Velazquez.

ene 29
Recostada, tu silueta formada yace sobre las sábanas blancas. Apacible, tranquila. Tus ojos cerrados y tu mente dispersa en sueños. Admiro el subir y bajar de tu pecho desnudo, así con cada respiración que imita el vaivén de las olas de un mar apaciguado rompiendo suavemente en la playa y deslizándose por la arena como una suave caricia.

Se pierde mi vista en tu impetuosa belleza, en la paz que proyecta cuando te encuentras dormida. Quiero rodearte con mi brazo y entrelazar tus dedos con los míos y no puedo. Hay tanta quietud y solemnidad que me detiene con miedo de alterar tu pasivo descanso.

Retrato cada detalle con la mente siendo así la soberana caída de tu cabello que remansa en la almohada, las vetas que forma tu cuello en la piel mientras se posa y la línea que sigue hacia tu hombro y detalla tu brazo el cual yace sobre tu costado sirviendo de marco perfecto a tu dulce e inquietante cintura. La parte superior de tus glúteos cubiertos y custodiados por la sábana que guarda vigilante acabando con la fantasía mental de verte dormida.

¿Esa angustia me agita y me pregunto porque? Si quiero tocarte y no puedo. Si quiero admirarte y lo detengo. Despierto y caigo en la cuenta que esa limitación era un valle en tierra de Morfeo. Abro los ojos y tu espacio en nuestra cama permanece vacío inerte y deseoso de tenerte.
Así queda ese sueño trastornado que la prosa y la letra han transformado en una manera de decir cuánto ¡te extraño!

De: Arturo Reyes Alfaro.

ene 29
El corazón se me rompe
por lo que intento yo hacer:
nada más y nada menos,
que hoy hablar de mi mujer.

El castellano no tiene
palabras para ayudarme,
a contar lo que yo siento
y así tranquilo quedarme.

No hay escritor en el mundo,
ni la técnica que él aplique
a mí me puede ayudar,
para que yo bien lo explique.

Es el puntal que sostiene
en pie a toda la casa:
si el puntal un día falla,
no quedan ni las terrazas.

Lo que ella hace por mí
no se lo puedo pagar
ni aun viviendo diez vidas
como esclavo personal.

La gente no se imagina
lo que yo la necesito,
sin ella estoy más perdido
que cuando era jovencito.

Ya son treinta y ocho años
los que llevamos casados,
más siete que fuimos novios,
cuarenta y cinco sumados.

En estos años ha sido
una esclava de la casa,
siempre pendiente de todos
y sin disfrutar de nada.

De dos hijas ha cuidado
y hoy cuida de dos nietos,
de dos hijas y de un yerno
y de mí, que también cuento.

Todos tenemos que hacer
un esfuerzo, y ayudarle,
sería el mejor regalo
que juntos podamos darle.

No encuentro palabra alguna
para decir lo que siento,
por eso en este momento
mi mente es una laguna.

Si no consigo sacar
todo lo que llevo dentro,
me queda el remordimiento
de no poder desahogar.

Poniendo toda mi alma
y con un esfuerzo enorme,
perdón pediré en mi nombre,
con el corazón en calma.

Quiero pedirle perdón
por si algún mal le haya hecho,
mi corazón y mi pecho
palpitan por la emoción.

De rodillas, junto a ti
me pongo y pido perdón,
mi alma y mi corazón,
lo mismo quieren pedir.

Contento voy a la cama,
si el perdón es concedido,
dormiré, si estoy rendido,
mejor estaré mañana.

La paciencia no es virtud
que Dios a mí me haya dado,
por eso tengo cuidado
y siento gran inquietud.

De muchas cosas que he hecho
hoy estoy arrepentido,
que la pata yo he metido
me lo demuestran los hechos.

Y por eso, al despedirme,
prometo que cambiaré:
cuando tome decisiones,
antes contaré hasta diez.

A la hora de partir,
yo prefiero irme primero,
porque si me quedo aquí
sólo de tristeza muero.

Prometo hoy que mañana
voy a ser mejor que hoy
y si hoy bueno no soy,
que nunca llegue mañana.

De: Pepe Oramos.

ene 28
He oído los silbidos de la noche
susurraron en sosiego auge,
son eternas las sombras de la paz
más se me mostrase desnuda.

He visto más allá del oriente
es radiante en plenitud,
donde el tiempo es infinito
y los fardos son la calma.

Encontrase el caudal del monte
una mujer de seda cubierta,
me llamaba incitante y apacigua
más la vi triste y vacía.

Seguro estoy, más mi alma
se hallase en vasija de crisol,
he bebido de la fuente de los cielos
tranquilizáse nervuda la razón.

Más las vendas se han despilfarrado
me envolvió holocausto la pasión,
le he de haber escrito al mar
mi penosa sensación.

Claro está, en la cumbre
allí donde las aves cantan,
copioso el sentimiento
vocinglera esperanza.

He visto más allá del viento
engorroso fue su encuentro,
han visto mis ojos
fisgando entre el desierto.

De: Juan Carlos.

« Cartas anteriores