Ene 29
Infidelidad, el monstruo más astuto.
Mentira, la excusa más hiriente.
Palabras, duras palabras, la competencia más cortante.
La gracia de amarte me dio el poder de olvidarte, para quererte por un momento y alejarme a tantos besos.
Tú, el dueño de mis noches solitarias, el protagonista ahora de mi arrepentimiento.
Tú, el que llora por mi ignorancia derramando lágrimas sin propiedad.
Sí tú, el que tanto amé, el que me cela a cielo abierto.

Serás el que vive en mis sueños, o el que tal vez lo hacía…
el que camina sobre mi dolor pisoteando mis reproches y callando mis lamentos.
Sí tú, el que tanto amé.
Quizás no te pueda olvidar ya, quizás islas palabras salieron de mi boca y chocaron tu corazón.
Mis acciones te disgustan: acciones nunca realizadas.

Tú, producto de mi imaginación, desprecio de mis Poemas.
Tú, objeto sin vida y movimiento por largos minutos malentendiste mi verdad cubriéndola de falso cariño.
Te has multiplicado tantas veces para endulzarme, que así de fácil todo quedó hecho un puñado de sal; pero sal de tus labios cautivantes y fogosos.
Sí, tus labios, los que tanto amé.
Verdad, la solución más correcta.
Sinceridad, la contestación más creyente.
Perdón, la respuesta más confusa.

¡Perdón!

De: Giuli.

Ene 27
Había una vez un místico, que solía ir al recinto religioso y se quedaba ahí sin decir una palabra durante años y años.
La gente se sorprendía hasta que alguien le preguntó.
-Nunca dices nada, ni siquiera hemos visto que tus labios murmuren alguna oración. Día a día te miramos, te observamos, muy de cerca y sentimos que ni siquiera por dentro de ti estás diciendo nada, ya que estás ahí como roca.
¿Qué haces así, qué tipo de oración es esa?
El místico habló mirando al suelo:
-Sucedió que una vez un mendigo estaba ante el palacio de un rey, cuando éste salió al balcón lo miró y le dijo:
“¿Qué pides? ¿Qué quieres?”.
El mendigo le respondió: “Si mirándome como me miras no puedo comprender, entonces no hay de que hablar. Me iré a otra casa. Mírame, estoy desnudo, temblando de frío; mira cómo mi estómago se ha unido con la espalda, mira mis huesos ¡Soy un esqueleto! ¿Y tú me preguntas qué quiero? ¿Estar aquí no es suficiente?”.
El rey se asustó, el mendigo tenía razón y se dice que le dio muchos regalos.
El místico dijo:
-Yo pasé por aquel camino, y desde aquel día dejé de orar con la mente y con las ideas; ¿qué voy a decirle al Rey del Universo? ¿Acaso no puede Él comprender el sufrimiento y la tristeza en la que estoy metido? ¿Tengo que decírselo? Si no puede comprender mi ser, ¿de qué serviría decir y orar? Me basta ahora ponerme ante su presencia, en silencio, sin deseos, sin quejas, sin peticiones, sólo en el silencio azul de su ser y de ser.
Con eso basta; su mente es más poderosa que la mía.

Autor: Desconocido.

Ene 27
Parece que fue ayer, cuando con miedo yo te hablé por vez primera. Parece que fue ayer, cuando dormido yo soñaba en ti pensando. Ahora soy muy feliz, que sigue siendo en mi vida una elegancia, ahora sé que ya no existe la distancia, ya no hay temor de competencia y desconfianza, gracias a Dios por fin nos hizo tan feliz ya tengo tu amor, ya soy feliz, por fin esta pena se pudo acabar, hoy somos esposos todo es distinto, un magnifico amor guardo para ti.
Esposa mía, rumbo de mi destino, como quisiera detener los años para que en tu ternura nunca pasen, gritarle al mundo que soy tuyo y en el cielo escribirte mil mensajes. Antes con mirarte recibía martirios que he sufrido yo para ser de ti, ya tengo tus besos no hay porque sufrir unidos por el destino conservando el triunfo hasta morir. Hoy nos queremos hoy nos amamos, viva el amor! vivamos siempre aliados de corazón.
Amada esposa mía, anhelo tenía de estar de cerca de ti, el rumbo de mi vida es seguirte y el camino no tiene fin. Hoy que mis deseos se cumplen
se curan mis heridas, mi alma triste y sencilla quedó porque tanto sufrió. Tú fuiste la ilusión de un joven caminando por las veredas de amor, y como un débil cayó al pie de tu sombra rendido por la sed de una ilusión, si nos perdemos en la lejanía de un mar inmenso, navegando hacia el horizonte de otro sol, yo te prometo que nuestro barco será el destino y nuestro mar será el llanto del corazón amada esposa mía, mis nobles sentimientos perduran sin obstáculos ni competencia que no anteponga la vida, te amo y prometo a mi izquierda cuidar tú nombre, y a la derecha llevar la espada de la vida, como todo un caballero en la guerrilla del amor. Amada esposa mía, “el amor es el sentimiento más profundo que sólo lo encuentran aquellos que por medio de una lágrima del sufrimiento ofrendan el sacrificio de la mente y el corazón» ¡te amaré hasta el final!

Autor: Roberto García Rmz.

Ene 26
Te lo he dicho con el viento
jugueteando tal un animalillo en la arena
o iracundo como órgano tempestuoso;
te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;
te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;
te lo he dicho con las plantas,
leves caricias transparentes
que se cubren de rubor repentino;
te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta;
más allá de la vida
quiero decírtelo con la muerte,
más allá del amor
quiero decírtelo con el olvido.

Autor: Luis Cernuda.

Ene 26
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera.
Las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce Jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
Boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
Hacia donde emigraban mis profundos anhelos
Y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

Autor: Pablo Neruda – Poema nº 6

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